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Ve por mí a las llamas verdes.
David Solanes Venzalá
Vamos a llevarte
a través de las páginas del pasado
Solo eres otro chico más, solitario.
THE LEGACY, (Testament).
¡Chopo viejo!
Has caído
en el espejo
del remanso dormido.
Yo te vi descender
y escribo tu elegía,
que es la mía.
CHOPO MUERTO, (Federico García
Lorca).
Nada puedes decir
que me haga sentir peor (como estas)
No puedes comprar mi libertad
Guardame encerrado en tu celda.
SEE YOU IN HELL (DON'T BE LATE),
(Yngwie Malmsteen).
Sé buen chico, ¿eh?.
SPIDERMAN.
Tan cerca, no importa cuan lejos
No podría ser mucho más desde
el corazón
Por siempre confiando en que somos
Y nada más importa.
NOTHING ELSE MATTERS, (Metallica).
Siempre pensé que conocer a alguien del
otro lado resultaría algo espeluznante, como poco. Pero aquel nublado
día del 8 de Febrero de 1904, iban a cambiar bastantes conceptos sobre
la idea de ver la vida, que uno se había formado a lo largo de 24 años.
El día anterior había sido bastante
duro y en la fábrica de papel, tuve que hacer algunas horas extras si
quería llegar a fin de mes un poco desahogado, además surgieron
algunos problemas por meterme en política de Patriotismo independencia
y eso me obligó a salir de "Industrias papeleras S.A", mucho después
de la hora de los duendes. El camino hacia el ajado portal que guardaba mi ajado
piso de escasos metros cuadrados, donde había pasado casi nueve ajados
años de mi existencia, se convirtió en una peligrosa aventura,
dejando que mi adrenalina agudizara mis sentidos, hasta el punto de que las
frecuencias de visión captadas por mi ojo divisaran sombras, escondidas
tras los muros de los negros edificios, dispuestas a darle una buena lección
de modales al señor de las ideas extrañas.
Días antes apareció un cadáver
brutalmente asesinado a palos, pero de esto en los periódicos no ponía
nada, evidentemente no convenía.
Aún así la noche anterior al 8 de
Febrero, llegué a casa, llegué muy cansado. Antes de dormir siempre
me gustaba ojear alguno de los libros que me dejó mi madre a su muerte,
en aquella época leía algo de Edgar Alan Poe, no recuerdo muy
bien lo que era; no llegué a sacarlo del estante, fui directo a meterme
en la barricada de sábanas para caer en un profundo sueño, lleno
de extrañas sensaciones, donadas por la "Asociación de Sueños
y Subconscientes Unidos por la Causa".
Cuando salí del número 58 de la C/
Bequer,
29 6 1990
(recogiendo apuntes
de la misma obra)
aquella mañana de Febrero, los pies me pesaban
más de lo normal y los pasos se hacían eternos, pero aún
así todo transcurría con normalidad... hasta pasados unos minutos.
Cuando levanté la mirada, que tenía reclinada sobre la vasta calzada
y me dirigía a cruzar la intersección de la travesía entre
C/ Sant Jordi y Pje./ Moira, algo hizo que me parara, aunque no me diera cuenta
de que me había parado hasta transcurridos unos segundos. Una puerta; durante
los doce años que llevaba recorriendo el mismo camino, a la misma hora
y casi en las mismas circunstancias, nunca había reparado en esa puerta.
Parecía romper con la armonía presentada por todas las demás
casas de máximo cuatro pisos, que se levantaban alrededor de aquel recién
nacido barrio de montaña, blanco sobre blanco. Esa fue la primera frase
que acudió a mis neuronas, cuando divisé aquella entrada que lucía
el color de la nieve, y que guardaba una pureza inerte, seria.
Me acerqué hasta ponerme unos centímetros
por delante de ella y la toqué tenuemente con la yema de los dedos, estaba
abierta. El interior estaba repleto de una oscuridad enormemente silenciosa y
al fondo, de lo que parecía ser un pasillo, se intuía una pequeña
luz; avancé hacia ella, lentamente empecé a distinguir una figura,
cuando llegué al umbral de esa luz ( habían pasado... ¿años?
), topé con un individuo de unos 26 ó 27 años, vestía
una americana negra pálida de poco notadas rayas, con un pantalón
a juego, zapatos negros y brillantes, una camisa blanca con los dos botones del
cuello desabrochados, y una corbata con el nudo aflojado exageradamente; llevaba
un sombrero gris de ala estrecha con cinta negra, pelo negro de escasa largura
y una barba morena de tres días.
Estaba situado al lado de una mesa de despacho, con
una lámpara enfocando la superficie, llena de papeles y dosieres de los
cuales no se podía entender gran cosa, y
más estando un poco lejos de la mesa.
El contorno de la habitación era una incógnita;
nada parecía tener un final de espacio coherente. Encendió una cerilla
con el borde de la mesa y se la llevó hacia la cara, aspirando un cigarrillo
y moviendo la mano rápidamente, apagó la cerilla, precediendo esto
a lanzarla hacia lo que parecía ser el suelo; recogió el cigarrillo
de sus labios con la mano derecha y dejó salir una bocanada de humo que
por unos instantes le tapó la cara.
¿Jan? preguntó con aire de saberlo
hacía ya mucho tiempo-.
Si respondí-.
Me miró durante unos instantes pensando
algo, luego cogió uno de los aparentes informes que tenía encima
de la mesa y bajándose del borde de la misma , donde estaba subido con
una pierna en el suelo y otra suspendida en el aire, a la vez que recogía
una americana apoyada en el respaldo de la silla
que había detrás de la mesa, dijo :
- Bueno!, vamos a dar una vuelta tú y yo.
Y poniéndose la americana se dirigió
hacia donde yo estaba, me invitó a darme la vuelta con el ademán
correspondiente, y cuando lo hice, a la vez que mi mente se preguntaba donde
estaba y quién era este personaje, para mi sorpresa topé con una
imagen congelada e inmediatamente me acudió la sensación mas fuerte
de deja-vú que había tenido hasta el momento en mi vida, efectivamente,
había vivido aquella escena, y ante mis ojos recobraba movilidad.
Todos los ojos estaban posados sobre mí,
me miraban con interés y mi ego se alimentaba con ello y crecía,
la ficticia arrogancia expelida se podía mascar en el ambiente y el aire
de superioridad caía sobre algunos del respetable como brasas ardiendo;
y yo ajeno a todo eso continuaba mi perorata.
A alguien con carisma, ese aire de superioridad,
se habría traducido a algo natural y que por definición venía
con el individuo, pero yo carecía de él, y aún así
tampoco lo echaba en falta, puesto que no caía en la cuenta de que actuaba
así, aunque eso no fuera excusa.
Giré el rostro y encontré al individuo
que me había llevado hasta allí, me miraba con cara de " tenía
que hacerlo ", lo giré de nuevo y todas las imágenes se empezaron
a fragmentar como si fuera un collage.
Esta vez veía como uno me sonreía,
y su sonrisa distaba mucho de acompañar la mirada que en principio debía
ser acompañada, se giraba y hablaba con alguien :
- ¿Quién se piensa que es este imbécil?,
hace dos días me hizo una putada que ni te cuento.
- Sí, si lo que me cuentes... -espetaba
el otro contertulio-.
Sabía quienes eran pero no reconocía
sus rostros. Y en esos momentos mi alma se llenaba de agujas; me cogieron del
brazo; era el tipo que llevaba el informe, mi informe.
- Quién eres? -por fin le pregunté-.
- Lo sabrás cuando haga falta -contestó
con tono amable-, pero me puedes llamar Benet -y añadió- ¿Recuerdas
cuando querías fundar una pequeña compañía de teatro?...
¿Te acuerdas de la gente que pasó por lo que acabó llamándose
"tu compañía"?... ¿Recuerdas cuantas veces empezaste?...
Mira -me dijo señalando a un punto en concreto,
en el cual acudían de la nada trocitos de imágenes fibrosas del
infinito, que juntándose formaban una situación, en un tiempo,
en un lugar-.
Salen el Rico, el Rey, el Pobre y la Hermosura,
la Discreción y un niño.
REY. Ya estamos a tu obediencia,
Autor nuestro, que no ha sido
necesario haber nacido
para estar en tu presencia.
Alma, sentido, potencia,
vida, ni razón tenemos;
todos informes nos vemos;
polvo somos de tus pies.
Sopla aqueste polvo, pues,
para que representemos.
HERMOS. Solo en tu concepto estamos,
ni animamos ni vivimos,
ni tocamos ni sentimos,
ni del bien ni el mal gozamos;
pero si hacia el mundo vamos
todos a representar,
los papeles puedes dar,
pues en aquesta ocasión
no tenemos elección
para haberlos de tomar.
LABRADOR. Autor mío soberano
a quien conozco desde hoy,
a tu mandamiento estoy
como hechura de tu mano,
y pues tu sabes y es llano
porque en Dios no hay ignorar.
qué papel me puedes dar,
si yo errare este papel,
no me podré quejar de él.
de mi me podré quejar.
AUTOR. Ya sé que si para ser...
Es...sencillamente.. increible... !! Marcos, o sea
: cómo es posible que no te sepas un párrafo de estas características;
¿Tan difícil es?...
Corte.
Estoy en una habitación que me resulta familiar...
es Marcos; Que hace?, repasa la obra ! ?; son las tres de la madrugada...
se siente mal; una taza de café yace al lado del libreto, y con
los aspavientos requeridos por el guión, delante de un espejo, ensaya,
ensaya!,...estaba ensayando, una y otra vez y Marcos se callaba, tragaba
todo lo que le decía.
- Marcos? -me sorprendió Benet- ...y Judith,
y Eva, Roberto, Antonio, Damián, Teresa... y más.
- Jan, de todos era sabida la capacidad para interpretar
que tienes, y también de todos sabida la poca condescendencia para
entender que todos no tenían la misma facilidad, y que aún
teniéndola, se había de trabajar con comprensión.
Mi garganta se anudaba y mi mente no encontraba
sosiego.
Enlacé los dedos de mis manos sujetándome
la frente, cerré lo ojos, esperando despertar y cuando los abrí,
allí estaba Benet, rodeado de un fondo sin nada, sin borde definido,
perdiéndose en un escenario negro, en la inmensidad, y delante de
él, yo.
- Vamos, vamos... -espetaba Benet con una especie
de tono animoso- aún quedan varias cosas por ver.
Y en ese momento todo se iluminó exageradamente,
durante, segundos?, meses?... y cuando se atenuó esa luz de naturaleza
extraña, empezaron a aparecer de entre los destellos personas, mujeres.
Todo sucedía a una velocidad muy inferior
a la normal, regida por el espacio-tiempo y aunque todos hablaban, no se
distinguía una palabra, todo verbo era opaco... :
Rosa? es Rosa! la cojo por la cintura me gusta cojerla
por la cintura se deja me gusta que se deje no hago nada más Lucía!
le hago bromas le acaricio el cuello se deja sonrío Elisa, la tengo,
la tuve Raquel? no a Raquel no ella es de Pablo ni tocar a Raquel ni a
Laura ni a Sofía :...
Alcé la voz :
- Pero eso no es malo -buscaba los verdes ojos de
Benet- es decir; no de esa manera... bueno sí... porque me gusta
ver sus reacciones, pero ya esta!... Benet donde estas, a don.... -me sorprendió
una voz que salía de mis neuronas, era la voz de Benet-.
-No, malo, no, pero, y los demás?, ¿que
podían pensar los demás?, y encima, con bastante razón...
míralo desde fuera, o inténtalo al menos -me hablaba de forma
tranquilizadora, pero no hacía efecto en mí. Todo hacía
revivir sentimientos contradictorios y la antagonía de los mismos
me turbaba el alma.
10-11-1991
(dos copas de Whisky y
un paquete de rubio.
Casi recuperado.)
Seguía hirviéndome el cerebro, pero presentía
que iban a pasar más cosas, muchas más cosas. Recogí
mi cabeza con las manos, enredando los dedos en mis dorados cabellos, recogiéndome
las sienes con el Monte de Venus de cada palma... esperaba algo... y ocurrió.
Era un viernes de noviembre, había llevado
un día terrible, lleno de zancadillas, pero se podía superar,
iba a buscar a Silvia, solo su nombre me sabía a jalea, sus brillantes
ojos de color cielo poblaban mi alma de júbilo, alisado su cabello
se veía teñido ferozmente por el sol, todo su cuerpo cimbreaba
en armonía con los bienes de la naturaleza. La amaba.
- Hola Jan!, tenemos que hablar -dijo Silvia-, con
tono seco, cosa que me sorprendió de manera horrible; había
estado todo el día sin verla, venía de un tiempo que sus
besos eran fríos y a todo esto mi cuerpo empezaba a descargar adrenalina
en la sangre a la vez que mi corazón latía con furia en mi
pecho.
- Que hay, preciosa -dije con un tono entre cordial
y defensivo a la vez que hacía el ademán de estrecharle en
mis brazos, fue en ese instante cuando se apartó bruscamente y fue
entonces cuando empezaron a sudarme fríamente las manos.
- Que te pasa?. No quieres que te toque -espeté
con tono tembloroso, fingiendo firmeza-.
- No -una lanza de hielo segó mis sienes-.
- Silvia, que...?
- Serán solo cinco minutos -sonó como
el invierno-.
- Bueno, pero qué es? -fingir firmeza se
estaba convirtiendo en un duro trabajo-.
- Jan... yo... -hizo una pausa y su voz empezaba
a tener frío- yo... quiero dejarlo.
Sus palabras empezaron a rebotar en mi cerebro como
si se hubieran dicho en una iglesia de metal y mis entrañas comenzaron
a quemarse.
- Pero... por qué?... que te pasa -mi tono
era cada vez más tembloroso y los ojos se me habían humedecido
hacía rato, no sabía cuanto-.
- Mira... es todo, no sólo una cosa sola.
- A qué te refieres.
- Pues
- Piensas que ya no soy tan maravilloso como hace
tres meses.
- No, no es eso.
- Sí, lo es...
- No, es que no pensamos igual... y...
- Ahora sí que no lo entiendo !, eso ha de
ser una excusa, me escondes algo...
- No...
- Silvia, tráeme a dos personas en este mundo
que piensen igual y te creeré.
- Me refiero a la forma de pensar...
- Pretendes decirme que en tres meses me conoces
de punta a cabo?.
- Lo suficiente.
- Pero, si apenas hemos estado solos unos instantes
en todo ese tiempo, anda, mírame a los ojos y dime que hemos tenido
lo que se dice horas de intimidad.
Me miró; sus ojos brillaban y su cuello le
dejaba sacar pocas palabras.
- No, no las hemos tenido ,pero todo se junta y...
- Y tengo yo la culpa -me miró con una mezcla
de indignación y tristeza-.
- Yo, no he dicho eso, y que no lo haya dicho no
significa que lo haya pensado.
- Ya sé que tienes muchos problemas, me los
has contado muchas veces, pero para eso estoy, para lo bueno y para lo
malo, así son las cosas, la vida es como una nuez no se puede partir
entre almohadones... y menos si no tienes un martillo; vamos dame una razón
convincente y lo entenderé -al menos mi cerebro, mi corazón
no sé si podrá- pensé para mis adentros.
- No puedo.
- Porque no la tienes.
- Pero no quiero continuar.
- Estás aturdida y confusa, no sabes qué
hacer con lo que tienes en las manos.
- Sí -dijo esforzándose por no romper
a llorar-.
- Yo... -habló Silvia- me gustaría
quedar como amigos, pero se me hace difícil.
- Por Dios!, Silvia, que significa eso !?, acaso
te he hecho daño...?
- Daño?, quien se pasaba las tardes esperando
sentada en un banco de la plaza con los demás, a que "el señor
Jan Solés" viniera del ensayo del teatro -quería endurecer
el tono pero era difícil-.
- Pero eso nunca te molestó...
- Es cierto, pero, y el día que te pasaste
la tarde durmiendo?, para venir luego a las tantas a buscarme.
- Sin embargo no me dijiste nada.
- Pensaba que eras lo suficientemente sensible...
pero eso es sólo un ejemplo, en principio no tengo motivos para
no mirarte a la cara.
- Silvia, no lo parece.
- Si Jan, no me llevo mal contigo, no te odio.
- Sigues hecha un lío.
- Ya lo sé -gimió al borde de las
lágrimas; yo también lo estaba-, pero quiero dejarlo.
- Piénsatelo unos días, hay tiempo.
- Es mejor que lo dejemos así.
- Me dejas darte un beso de despedida?.
- No.
- Te acompaño a casa?.
- No.
- Bueno pues...adiós.
- ...Adiós.
...
...
Levanté la mirada, ahí estaba Benet,
mirándome con su camisa desabrochada, agarrando la americana por
el pulgar y dejándola reposar en la espalda.
- Recuerdas eso Jan? -espetó en tono de reprimenda,
y por un momento estuve apunto de gritarle un "a ti que te importa, es
mi vida", pero no lo hice-. Le respondí :
- Si, lo recuerdo.
- Jan, en tu vida siempre se te han escapado cosas
que otra persona le hubiera dado una importancia enorme, en cambio tú
ni siquiera has reparado en ello.
- Benet -conseguí balbucear- todo eso que
me cuentas, es muy sencillo verlo desde fuera, todo tiene un sentido tranquilamente
señalable para los que van señalando... Jan hace esto, Jan
hace lo otro, y ellos no se dan cuenta de que muy posiblemente hagan cosas
mucho peores.
- Pero ahora estamos hablando de ti.
Benet dejó caer su americana hacia la dirección
donde debía estar el suelo. Continué sin hacerle caso.
- Todo empieza muy bien, toma forma, tiene sentido,
y después, alguien con la supuesta verdad en la mano, es capaz de
decirle ( a otro, por supuesto ), la versión de los hechos que más
cree conveniente, como si jugara a ser Dios. Todos pueden ver en ti los
defectos, y acometerlos, y publicarlos, pero, y las virtudes?; no, eso,
no se reconoce, no interesa, no se dice, no se aprecia. -Mi voz iba tomando
un matiz más agresivo, y el sufrimiento acumulado tornaba en furia-,
y después esos mismos que te odiaban tanto, te dan la mano, te abrazan
y desean suerte, y te vas pensando "gran tipo este", mientras todas las
pantomimas pierden el sentido -miré fijamente a Benet-.
- Y con eso que quieres decir -la voz de Benet entonaba
amable-, tu sabes y no de ahora, que eso es algo natural, aunque no debiera
serlo, poca gente sabe decirte lo que piensan de ti a pesar del concepto
que puedas tener de ellos después; también has de diferenciar
perfectamente las personas que te lo dicen por ayudarte, y las que lo hacen
para destruirte. Y resulta que un buen día descubres casualmente
que el que te decía las cosas más claras, el que parecía
asustarte más con sus críticas pretendiblemente constructivas
en la mayoría de los casos, es curiosamente de los que más
te querían. Hizo una pausa, mientras, yo respiraba alteradamente.
- Y aún así, si pudieras ver algunas
de las cosas que has hecho desde afuera de la barrera, observarías
que tú tampoco hubieras aguantado según qué situaciones,
y como ejemplo, tu módulo de incisiva pedantería, ese ficticio
"no se que", que te quiere hacer parecer que estás por encima de
los demás, sabiendo tú mismo que no tiene porqué ser
así, y para ti no lo es, pero, te gusta vender la imagen de que
todo funciona a la perfección, de que todo está controlado...
- Porque lo tengo controlado, -interrumpí-
y es más, no pretendo estar por encima de nada, yo... yo creo en
la enseñanza del uno al otro... creo que el que sabe algo, cualquier
cosa, ha de intentar explicarla a quien no la sabe y si la sabe, debieran
de compararse las opiniones, los puntos de v...
- Cuando has dejado que te dieran otro punto de
vista? -dijo Benet con voz pausada-.
- Siempre que no han querido ponerse por encima
mío.
- Pues ahí debía estar la dosis de
humildad que se necesitaba, y no alimentar un creciente ego que solo desembocaría
en una pelea verbal en el mejor de los casos, Jan.
- Pero... -mi furia dejaba entrever destellos de
ansiedad en mis palabras- Cuál es el camino? todo el mundo se preocupa
de sobrevivir y piensa que poner la bota encima de otro en cualquier momento
de autorealizarse.
- No todo el mundo y... Por qué no hablas
en primera persona?.
- Porque yo solo lo hago en actitud defensiva -gemí-.
- Mucha gente lo hace por lo mismo. Solo tienes
que sobresalir un poco, para que alguien te trabe, aunque sea ínfimamente
el aire que respiras, a la vez que provocas de forma casi demencial algún
tipo de envidia sin sentido, o simplemente una profunda antipatía;
en cambio, cuando pasas desapercibido, las cosas toman otro cauce totalmente
distinto, y suele tener dos vertientes, la primera :
"- Es un buen tipo, él calla y va haciendo.
- Sí, pero se puede contar con él.
- Sí."
O algo totalmente distinto referido a empequeñecer
a el sujeto hasta la saciedad, y de la forma más cruel que se pueda,
normalmente esto no suele ser dado por una sola persona, sino que es un
carro al que se suben los demás una vez la cosa está caliente
y castigan incansablemente, por supuesto los que se mantienen al margen
no se atreven a decir nada, por miedo a que la cosa se contagie y el que
lo dice, suele ser justamente, al que odiaran en silencio más de
uno, por... eso, no mantenerse al margen.
Yo volvía a tener la cabeza gacha, los músculos
de los brazos relajados y dejados caer en todo lo largo de las extremidades
del abdomen. Benet continuó hablando.
- De la misma manera que se alegraron en silencio
más de uno cuando Silvia, cortó contigo, y todo eso por lo
mismo que te he contado. Quedé callado, los ojos cristalizados,
medio bajados los párpados, la piel pálida.
Benet recogió la americana del supuesto suelo,
y buscó en uno de los bolsillos interiores, sacó mi informe,
se puso la americana a la vez que lo sujetaba con una mano, lo desdobló
y buscó con la mirada algo en el papel, me miró desde un
ángulo en el cual solo se distinguía a medias el rostro y
perfil de mi cuerpo, dobló de nuevo el papel y se acercó
a mí, y pasando una mano por encima de mi hombro izquierdo, me habló.
- Vamos -dijo en tono tranquilizador-, aún
quedan cosas.
Desprendió su mano adelantándose un
paso por delante de mí, yo le seguí.
Andaba tras Benet, arrastrando los pies, mirando
hacia el suelo, no me veía donde ponía los pies, desaparecían
en la nada antes de que pudiera distinguir los pasos, muy lejos de mi oía
algo que fue tomando sentido a medida que iba avanzando, era música,
no podía acertar a saber que era exactamente lo que sonaba, aún
estaba muy lejos, la llegada de la música fue acompañada
por una bajada notable de temperatura, y la oscuridad donde se perdían
mis pies fue disipándose hasta alcanzar un tono blanco, que después
tomaría forma para convertirse en la acera de una ciudad, era mi
ciudad, hacia... meses?, años?, no sabía cuanto tiempo, pero
era mi ciudad, aunque estaba un poco distinta, había luces y guirnaldas
por todas partes y la música que llegaba hasta mis oídos
eran villancicos cantados por una panda de chiquillos que pedían
aguinaldos con una gorra paseada por uno de los que no cantaba.
Yo me había recuperado un poco, pero algo
me apagaba, no sabía qué. Benet se giró hacia mi,
siempre te deprimió la Navidad, es decir ; a partir de los catorce
años, todo empezó aquí, señaló el colegio
donde yo cursé mis estudios de bachiller, antes de pasar la reválida...
Acudía como cada mañana a la ciudad
a estudiar en un colegio situado por el centro de la ciudad, mi madre aún
vivía, y con lo que nos había dejado mi padre y el sueldo
de mi madre como fregasuelos, se hacía posible pagarme unos estudios
que un año después serían imposibles de pagar.
Aquella mañana, era un poco especial, iba
a encontrarme con Rosaura, y así embestía con las avenidas,
abrigado con mi bufanda y el pasamontañas; acordonados mis zapatos,
aguantaban las suelas mis pasos recios y sentada en un banco de un parque
cercano a la escuela estaba Rosaura, yo no sabía lo que era el amor
pero si de algo estaba seguro era de que estar con Rosaura era preferible
a ir a jugar a "la taba" o cualquier otra cosa que me ofrecieran mis amigos,
Rosaura era el centro de mi atención y todo giraba en torno a ella.
Cuando me vio, se levantó del banco donde
estaba sentada y esperó a que estuviera a unos cinco metros para
poner los brazos en jarra, y decirme con su joven voz en tono de fingida
reprimenda :
- Llegas tarde!!
Y, yo que solo quería abrazarla, para sentir
el calor de su cuerpo le contesté :
- Perdona, puedo abrazarte?
Ella, sonrió agachando la cabeza sin apartar
la mirada dejando salir una palabra.
- No.
- Puedo cojerte de la mano?
A lo que ella respondió para mi deleite -bueno-.
Y juntos de la mano, recorríamos sin prisa
el camino que restaba hasta la escuela. Rosaura estudiaba en mi mismo curso,
no en mi clase por supuesto, ella estudiaba al otro lado del colegio, el
que estaba destinado para las niñas. Ella era una niña con
el cuerpo desarrollado perfectamente, yo no tanto, y además a mí
me faltaban algunas patadas para serlo, a nivel mental al menos.
Dos manzanas antes de llegar a la escuela me soltó
la mano, y con miedo me dijo:
- Y si nos ven?
- Si nos ven, qué? -Hablé-.
- Es que no lo entiendes? -dijo como quien dice
algo que ya sabe el otro. Y yo que sí lo entendía, replicaba:
- No.
Ella, impotente, cogió los libros con las dos
manos y caminó con la mirada al frente, mientras yo seguía
a su lado a medio metro de distancia, apresurando el paso un poco ya que
ella lo había acelerado.
Una vez llegamos a la puerta, se despidió
de mi con un simple "adiós", sabiendo que no la volvería
a ver hasta un buen rato después. A la salida la esperé,
pero esta vez tardaba un poco más de lo normal, no me pregunté,
porqué, venía con sus amigas, que en cuanto me vieron, sofocaron
risas entre ellas, esto nunca había pasado, y no me sentó
bien, acto seguido, se separó del grupo y se acercó hacia
mí, al llegar me dijo en un tono más frío de lo normal;
- Vamos. -La acompañé hasta el banco
de la plaza donde siempre quedábamos, esta vez, no le cogí
la mano. Era un 24 de Diciembre 1894, el día siguiente sería
Navidad y el otro San Esteban, serían dos días que no vería
a Rosaura, el 27 de Diciembre, iba a ser un día negro-.
Navidad la pasamos, como cada año desde la
muerte de mi padre, en casa de unos vecinos, que tenían más
poder económico que mi madre y yo, nosotros, no podíamos
permitirnos según que lujos, y el señor Braix y familia,
nos invitaban a la cena de Navidad, con todo lo que comportaba una buena
cena Navideña.
El Sr.Braix tenía mujer y dos hijas de 19
y 21 años, trabajaba de contable y fue amigo de mi padre, era un
buen hombre de los que trabajaba la magnanimidad aunque no fueran fiestas
Navideñas.
Yo, no me encontraba muy bien, Rosaura estaba lejos
de mí y por ella sentía algo que no había sentido
hasta el momento en mi vida, algo más me turbaba el pensamiento,
pero era tan terrible que no me atrevía a pensarlo.
La cena transcurrió con normalidad, a pesar
de que mis ojos por primera vez tomaran un aire triste que hasta aquella
noche nunca había tenido.
Nos despedimos de la familia Braix, entre millones
de deseos de "feliz Navidad" mientras mi madre derrochaba agradecimientos
en nombre suyo y mío.
Cruzamos la calle y unos metros antes de llegar
al portal, madre me abrazó y con tono serio, me preguntó
que me pasaba, y yo triste, como podía ocultarle nada a madre?;
- Una niña de la escuela... -dije, y no pude
continuar se me hizo un nudo en la garganta-.
Madre volvió a abrazarme, y en tono solemne
me dijo;
- Te ayudaré en lo que pueda, Jan, pero ya
eres un hombrecito, tú lo has sido un poco antes que los demás
niños.
Empezaba a nevar, contadas veces nevaba en mi ciudad,
nos apresuramos a entrar en casa, iba a ser una noche fría en muchos
sentidos.
San Esteban lo pasé en casa, con Madre, perdí
las ganas de comer y el interés por las letras, mi madre lo notó,
no le gustó en absoluto, pero no dijo nada, esperaba pacientemente,
en silencio me entrenaba para las cosas horribles que me depararía
la vida, y me observaba al acecho de socorrerme de cualquier cosa.
El 27 de aquel mes, acudí de nuevo a la escuela,
y tomaba la esquina de la calle que iba a dar al banco donde quedaba con
Rosaura, cuando observé que no estaba, empezó la pesadilla;
todo empezó a tomar un tono gris, esperé unos minutos, continué
y el camino que llevaba a la escuela se hacía interminable, las
casas pasaban lentamente a mi alrededor, y el frío invierno parecía
perder protagonismo comparado con el hielo que lentamente iba poblando
mi corazón.
Llegué a la puerta de la escuela y la vi,
ella hizo como si yo no existiera, entonces comencé a sentir en
las sienes los latidos de mi corazón. Los días venideros
era lo mismo, e inexorablemente las cosas empezaron a carecer de sentido
para mí, todo lo que había soñado con ella se convirtió
en niebla.
Una tarde acudí a ver a mis amigos, hacía
tiempo que no los veía, todos se alegraron de verme, todos menos
Carlos, no le di importancia y empezamos a charlar un poco de todo...,
de lo que pretendíamos obtener de regalo de las fiestas, ah!, y
sobretodo de la ilusión que teníamos Antonio, Damián,
Roberto y yo: montar una compañía de teatro, naturalmente
empezaríamos a hacer cosas sencillas y a apuntarnos en centros donde
hubiera teatros escuela, pero esos de no pagar, claro. Yo, ya empezaba
a olvidarme de lo de Rosaura aunque fuera solo por momentos, cuando Damián
consiguió sacarme a parte de la conversación. Damián
siempre había estado a mi lado en los momentos que más lo
necesitaba y esta vez no iba a ser menos. Con aire de complicidad me habló
:
- Ya sabes lo de Carlos, no?. -Por un momento me
parecía que Damián me hablaba de física cuántica-.
- A que te refieres?? -pregunté confundido-.
Damián se puso un poco pálido, tragó
saliva, y volvió a hablar.
- Tú... es decir... no te has dado cuenta
de que Carlos no te ha hablado en toda la tarde.
- Si, pero no le he dado importancia ya sabes que
Carlos no...
- Jan, -me interrumpió- tú... sabes,
que la madre de Carlos conoce a la madre de la chica esta con quien ibas...
Algo se me clavó en el pecho.
- Rosaura !? -conseguí vocalizar desesperado-.
- Escucha, -intentó tranquilizarme Damián,
que cada vez estaba más pálido-. Si, es lo que te piensas,
la pretende, y es más... la tiene.
Sonó la última sílaba como
la descarga de un trueno.
Carlos... Dios!, desde que pudimos andar jugaba
con él, que habíamos compartido de todo... que ironía!.
Mi respiración estaba acelerada, pero a Carlos no tenía por
que echarle las culpas de todos mis males y para mi sorpresa no se me despertaba
el más mínimo instinto de agresividad o violencia.
Damián me miraba, con cara de "lo siento",
y yo daba con la mirada en el horizonte del no-mundo.
¿Que podía ocurrir más ya?.
Sabía Dios.
Empezaba a vivir y aquello se fue olvidando poco
a poco, hasta que el nombre de Rosaura no se me perdía en la garganta
al decirlo.
Casi justo un año después, mi madre
cayó gravemente enferma, y fue la muerte disfrazada de tuberculosis
la que se la llevó cuando más falta me hacía.
Mientras se desvanecía la última imagen,
Benet aparecía mezclándose entre ellas, esta vez llevaba
un sombrero de ala corta de color gris a juego con la americana y los pantalones,
el papel en las manos y la camisa con el último botón desabrochado.
El borde de mis pupilas era rojo, la piel bajo los
párpados negruzca, mi mente un bloque de hielo.
Benet me miró triste. Luego habló;
- Además de todo eso, también te ha
exasperado realzar la bondad y el cariño solo en esas épocas,
como si los demás días del año no contaran. Tuviste
suerte de que Industrias Papeleras S.A. te admitiera como empleado y de
que la familia Braix te ayudara en lo que pudiera, también pudiste,
cuatro años después, montar la compañía, una
detrás de otra formación, claro; Por qué?, -Me miró
fijamente, continuó- porque tuviste que combatir tú solo
muchas cosas, y alimentar tu autoestima de un montón de formas diferentes
y ahí, -señaló al vacío- era donde estaban
todos los demás problemas en cuanto a relaciones con la gente.
-¿Crees que fue fácil? -dije con la
voz ronca y gesticulando- ¿Crees que todo era sencillo a esa edad?,
¿Piensas que es algo... nocivo para los demás?, ¿Es
eso lo que crees?.
- Quererse -enunció Benet con su acostumbrado
tono amable-, no es malo, es incluso necesario, pero... se ha de ir con
cuidado Jan, la gente suele interpretar las cosas dándoles los matices
desde su lado, hacia la parte que más les interesa, y autohecharse
las culpas de algo que parece ajeno y molesto a la vez para nosotros, no
es fácil; tan solo reconocer que una persona a hecho algo por una
causa concreta, tan poco lo es.
- Pero de eso no tengo la culpa! -gemí- es
más, es así como este tipo de personas destruyen a los otros.
- Y así como se cubren instintivamente.
Quedé callado mirando la oscuridad que se
perdía en la nada, los pequeños impulsos eléctricos
de mi cerebro me permitían poco más que preguntarme qué
iba a pasar ahora.
Sentí como algo rígido se arrastraba lentamente,
Benet guardó el informe en uno de sus bolsillos al tiempo que abría
los ojos un poco más de lo normal, me pareció notarle un
síntoma de "sorpresa esperada" en la cara, eso me asustó
mucho. El ruido que empezó como un susurro, lentamente iba cobrando
importancia hasta el punto de que se transformó en un estruendo,
pude observar que venía desde cuatro puntos distintos; empecé
a mirar hacia mi alrededor con temor y desespero, sólo un instante
aparté la vista de donde estaba situado Benet, pero aquel breve
momento fue suficiente para que él desapareciera.
Por fin alcancé a ver que se acercaban cuatro
muros totalmente blancos, intenté correr pero no podía, había
algo que me trababa los pies, la sangre bombeada por mi corazón
hacía mover mis venas como látigos, y mi frente se humedecía
constantemente por un sudor frío mientras las paredes se acercaban
más y más a una velocidad increíble, y el sentimiento
de impotencia que se cernía sobre mi solo podía compararse
al pánico que en mi anidaba. Finalmente cesó cuando se cerraron
las cuatro paredes, luego aparecieron dos más nacidas de las laterales
que hicieron de techo y suelo. El sonido no tenía forma. Entonces
pude mover los pies, corrí desesperadamente hacia un rincón
de la blanca celda y automáticamente adquirí una posición
fetal, con las pupilas extremadamente dilatadas escrutaba la celda buscando
una puerta, una ventana... algo, y a mi mente acudió de nuevo la
definición de "blanco sobre blanco".
Aunque el tiempo ya no tenía definición,
pasó un buen rato hasta que comencé a oír unos pasos
que venían de fuera de la celda, el eco de los pasos golpeaba mis
tímpanos y hacía que mis nervios tornaran en ramas secas.
Paró el sonido de los tacones. Algo parecido a una puerta comenzó
a notarse en una de las paredes de la celda, finalmente apareció
una figura, yo me acurruqué más en mi esquina y la figura
se adelantó unos pasos, fue entonces cuando mis ojos vieron la imagen
de alguien conocido, pero mi mente bloqueada tardó en reconocer
quien era... Dios mío!, era Alberto!!.
- Jan -dijo mientras yo me levantaba apoyando la
espalda en uno de los planos de la esquina-.
- Alberto... eres tú, Verdad? -corrí
hacia él para abrazarle. El se apartó. Quedé confundido-.
- Pero...
- No estoy aquí para efusiones -cortó-.
Mi aturdimiento crecía por momentos, Alberto
siempre había estado conmigo hasta hacía dos años
ya que marchó a Francia a vivir con un hermano de su padre.
- Alberto, soy yo, Jan... recuerdas?.
- Lo sé.
- Que... ?
- Jan, recuérda bien, no te acuerdas cuando
aprovechaba cualquier cosa para intentar... hundirte? -con desprecio-,
vamos, Jan recuérdalo.
- Pero tú siempre fuiste mi amigo.
- Eso no cambiaba las cosas para mí, no tienes
mas que recordar fríamente, Cuándo me gustó alguna
de tus representaciones?, Cuando te alabé tu forma de dirigir?,
aunque fuera una buena obra, yo te lo diré, Jan... Nunca -hizo una
pausa-, y, no te has preguntado, Por qué? -sonrió sarcásticamente-,
pues porque no te podía aguantar, Jan, por eso.
Los miembros de mi cuerpo se quedaron bloqueados,
mis ojos cristalizaron y desbordaron calientes lágrimas que me surcaban
la cara, los labios me temblaban. Alberto continuó hablando, cada
vez en un tono más alto y más aterradoramente sarcástico.
- Y ahora, lloras, siempre odié a la gente
débil, pero que tu lo fueras, aún lo odiaba más, no
desaproveché un momento para ponerte bajo mis botas o calumniarte,
bueno, las calumnias no sólo las decía yo de ti, no quiero
ponerme tantas medallas -rió-.
- También me ayudaste! -dije con el llanto
en el alma-.
- De eso hace ya mucho tiempo, pero sí, al
menos lo intenté en su momento- amansó el tono un poco, calló
un instante- pero eso no resta lo que pude sacar de ti y no voy a entrar
en detalles.
Giró el rostro hacia la puerta y gritó;
- Julio!. También estas aquí tú
-me dirigí a Julio, que acababa de entrar en el recinto-.
- Si Jan... yo también te odié en
silencio.
- Ya lo vés, -habló Alberto- querido
Jan, las cosas no son como te pensabas, y ni yo, ni muchos te querían
como creíste.
Julio salió.
Alberto dejó de ser iluminado por la luz
de la celda, y las sombras lo relegaron al anonimato.
A la vez que salía Julio, entraba Silvia.
No me sorprendí mucho.
-¿El odio también afloró en
ti por mi culpa?.
- Lo mío fue diferente -dijo en un tono totalmente
inexpresivo- solo a ratos, no eras tan importante en mi vida como para
ocupar mi mente más de lo debido.
- Ya.
- Estoy aquí por algo distinto. Jan, ¿Sabes
lo que tuve que aguantar? -frunció el ceño-, sabes hasta
que punto tuve que soportar lo que me decían de ti? :
" Ten cuidado con ese tipo.
Te dejará en dos días.
Ya lo aguantas!!.
Nunca pensé esto de ti ".
Y más, Jan, mucho más, tuve que oírlo
hasta de uno de tus mejores amigos, y ¿Sabes por qué? -no
esperó respuesta-, porque en realidad nunca tuviste mejores amigos,
sólo tuviste uno...
- Y aun así, empezaste conmigo -aludí
con la voz tensa y triste-.
- Eso era asunto mío, no de los demás.
- Esperas que piense que no te influyó en
nada.
- Si.
Helaron mis sentidos.
Por unos instantes reinó el silencio; después
con tono ahogado hablé.
- Cuando... te he visto entrar... se ha despertado
algo en mí que creía muerto...
-¿Dónde quieres llegar, Jan? -cortó
Silvia-.
- No me interpretes mal, yo...
- Ya sé lo que quieres, y no lo vas a conseguir.
Permaneció por instantes mirándome,
luego con el rostro sereno, la mirada fija, dió media vuelta para
alejarse entre la oscuridad.
La impotencia se convertía en furia, la furia
tornaba en tristeza, la tristeza en impotencia de nuevo...
Entró en la sala Elisa. Paró un momento
en la puerta. Se acercó. Durante dos años habíamos
compartido todo juntos, comprensión, cariño, amor. Me entraron
ganas de abrazarla y de esconderme en su hombro como un chiquillo, pero
reprimí mis instintos, asustado, me mantuve a la defensiva.
- Hola Elisa.
- Jan, las cosas no se hacen así.
Por un momento no supe de que me hablaba.
- No, Jan, dos años es mucho tiempo.
- Un momento Elisa! -temblaba mi voz-, yo nunca
te di alas para que..
- Que importa, que no me dieras alas, lo que importa
es que yo las tomé, y que tú te dabas cuenta de ello -había
alzado la voz-.
Retrocedí dos pasos.
- Pudiste haberlo parado mucho antes, pero no lo
hiciste!.
- Te necesitaba.
- Posiblemente -recuperó el tono sereno y
frío -, pero eso no te dio derecho.
Giró en dirección a la puerta, comenzó
a avanzar hacia el vacío.
Se iluminó la parte del recinto que ocultaba
a Alberto. Luego se dirigió a mí; su sonrisa en los labios.
- Ya lo ves, Jan -repitió-, ya lo ves.
Se fue.
El corazón promulgaba incesantes latigazos
a mis sienes, los ojos, bolas de fuego húmedas, la garganta : esparto,
mis miembros rígidos. Caí de rodillas y gimiendo me arrinconé
de nuevo, arrastrando los talones contra el suelo y mirando como la figura
desaparecía entre la oscuridad y el giro de la puerta que se cerraba.
Instantes después, todo se encontró en un mismo punto y mis
nervios se fundían de la tensión... la cabeza tiritaba...
... Los labios me tiemblan...
Que me hace pensar...
Las pupilas me duelen...están húmedas...
Mi garganta es tierra... piedras...
Viro...
Dónde voy... -Me recuerdas?...
-Eres tú?... -Sois vosotros?...
Oscuro.
-No entiendo?... -No te entiendo?...
Amor. ¿Cuál?...
-Que ocurrió?...
Grito...Llanto Dolor.
Me duele...
Niego...
No hay...No está.
No.
...
Y entonces vino lo más difícil; difícil?.
Levántate.
Costaba... Cuesta.
Nací y aquí estuve... estoy. Vivir.
Yo. Mi vida.
Quiero haber estado, haber amado.
Sentirme... bien.
No.
...
Primero empecé a oír cosas, quería
mover los brazos pero no podía; hablar, tampoco, más tarde
entreabrí los ojos y todo era niebla, lentamente fueron acudiéndome
todos los sentidos y entre la niebla aparecía una imagen familiar,
acogedora. Comencé a rodear con la vista la habitación donde
estaba e iba reconociendo todas y cada una de las cosas, algo chispeó
en mi cerebro, era mi piso!, mi amada buhardilla, yo estaba estirado en
mi vieja cama y respiraba aire de mi mundo, todo estaba allá, la
mesita de noche, los libros, mi armario, el corazón me latía
con fuerza y respiraba aceleradamente, la euforia inundaba mi cuerpo...
hasta que girando, mi ángulo de visión captó la imagen
de Benet apoyado de pie en una esquina.
...
.Se acercó a mí lentamente, esta vez
llevaba todos los botones de la camisa abrochados, corbata ajustada, americana
y pantalones impecables, puesto el sombrero, recién afeitado. Fumaba,
y el humo mezclado con la tenue luz que entraba por la ventana de mi cuarto,
hacía que cuando se iba acercando, hubiera momentos en los que se
perdía su silueta entre la penumbra de la habitación. Se
quedó parado a los pies de mi cama, apenas se le distinguía
la cara.
- Vamos Jan, esto aún no ha terminado -dijo
triste y amablemente a la vez-.
Segundos después me tendió una mano, yo
solo podía observarla.
Transcurrió un tiempo hasta que le tendí
la mía. Me levanté torpemente y ayudado por la mano de Benet,
conseguí ponerme de pie.
Mi aspecto lucía opaco, barba de tres días,
ojos entrecerrados y la ropa maltratada por rozaduras y estiramientos,
pálido, ojeroso, me dolía el cuerpo.
Caminamos hasta la puerta del recinto que iba a
dar al rellano de la escalera del ático. Bajamos.
En el segundo piso nos encontramos con la Sra.Rolà,
que parsimónicamente, profundía enormes brochazos con el
mocho al vetusto suelo, ensimismada, pareció no verme, a Benet tampoco
lo vio, únicamente paró un instante, se abrochó los
dos botones que le restaban de la chaqueta que llevaba y continuó.
Cuando llegamos al portal y vi la luz del día,
observé que estaba queriendo llover, y los cielos se movían
formando cúmulos de tela negra. No tardaría el cielo en gritar.
Continuamos caminando, la agresiva serenidad con
la que caminaba Benet, esta vez a mi lado, me inquietaba un poco, pero
fingí entereza.
Cayeron nervios del cielo anunciando el primer trueno.
Mientras caminábamos, iba encontrando a muchas
personas conocidas del barrio, el Sr.Cova de la pescadería, Juan
el del colmado y muchos otros que me habían acompañado esporádicamente
en el tiempo que llevaba viviendo por esas calles, pero ninguno me reconocía,
probablemente porque mi aspecto no era el de siempre y mi imagen era lo
más parecido a un vagabundo cualquiera, eso era una posibilidad.
Siguieron rugiendo las nubes y en pocos segundos
empezó a llover intensamente, a Benet parecía no interesarle
lo más mínimo, a mí comenzaban a importarme pocas
cosas.
Salimos del barrio y nos encaminamos hacia las afueras
de la ciudad, y mientras la lluvia nos atacaba ferozmente, mi mente se
hacía preguntas; pronto tendrían respuesta.
La oscuridad producida por el nublamiento acompañada
de la agresividad del agua, hacía que mi orientación mermara
hasta el punto de que solo me dedicara a seguir el camino que Benet iba
describiendo.
Hacía un rato que ya no veía las luces
de las calles y fue entonces cuando empecé a vislumbrar algo entre
la lluvia, era la entrada de algo que me parecía familiar y a la
vez temible, era la entrada de... un cementerio.
Benet, impasible, seguía caminando hacia
la entrada y yo notaba que el miedo iba poblando mis entrañas y
que mis piernas aminoraban el paso instintivamente, pero no podía
pararme.
El cementerio cada vez estaba más cerca,
intenté gritarle a Benet que parara, pero mis gritos quedaban ahogados
por la furia de la naturaleza y aún así, yo sabía
que Benet me escuchaba. Entramos, recorrimos las calles de nichos apilados
y mi miedo iba convirtiéndose en un pánico irracional, que
hacía de mis sentidos un cajón-desastre rozando la risa.
Al fin llegamos a una parte del cementerio donde
con esfuerzos observé a unas cuantas figuras que se movían,
tres estaban estáticas... era un entierro.
Cuando nos acercamos lo suficiente y pude observar
los rostros, me sorprendí de tal modo que el miedo que sentía
por unos momentos desapareció para que mi cuerpo pudiera abarcar
todo ese sentimiento... eran Damián y su mujer, Mónica que
agarrada a el brazo izquierdo de su marido sollozaba en silencio, a su
lado, el Sr. Braix con el rostro triste y quieto, todos ellos bajo dos
paraguas, los restantes eran enterradores que en ese momento entraban el
ataúd en el nicho preparado, Benet y yo estábamos al lado
de Damián. Damián se giró para mirarme pero no me
reconoció y siguió presenciando el trabajo de los enterradores.
Yo tiritaba de frío y ansiedad observando con el iris dilatado todo
lo que acontecía.
Mientras los enterradores sellaban el nicho con
la lápida :
A la memoria de
Jan Solés i Benar
1880 - 1904
Leía las letras talladas una y otra vez
sin querer entender lo que decían, pero no podía eludir a la realidad
más tiempo, la ansiedad se mezcló con la histeria y entonces me
tiré hacia donde estaba la lápida, acto seguido agarré
a Damián por la solapa del abrigo.
- Damián, no estoy ahí adentro, estoy
aquí!! -grité en medio de un llanto-.
Damián me miraba como a un pobre loco mientras
cubría a su mujer con un brazo, el Sr. Braix solo me miró de soslayo.
Caí al suelo arrodillado. Los enterradores ya habían acabado y marchaban.
Damián y los otros se dirigieron a un coche que había estado situado
detrás de ellos. Instantes después en la ciudad de los muertos solo
quedamos Benet y yo. Arrodillado y gimiendo, temblándome todo el cuerpo
estuve durante unos minutos, luego me levanté de forma brusca y corrí
desesperadamente hacia donde Benet estaba con rabia, miedo y ansiedad, le estreché
el nudo de la corbata con la mano derecha lo acerqué a mí, grité
:
- No!!, aún, no... Benet no puede ser, tengo
que arreglar muchas cosas... Benet no...
- Ya es tarde -me interrumpió Benet, esta
vez con tono solemne- no puedes hacer nada, moriste el 7 de febrero, no llegaste
a salir de la fábrica.
Miré fijamente a Benet. En la exacerbación
del instante no había palabras, no había gestos, no había
nada.
- Adiós Jan -el fondo de su mirada era triste-.
Lentamente dio la vuelta y empezó a alejarse,
quedé mirando firmemente a Benet mientras se perdía entre la oscuridad
y los telones de agua, luego me giré, caminé hacia mi lápida
y me senté en el suelo bajo ella. La noche había llegado ya hacía
rato, la luna no se dejaba ver, hacía frío, temblaba.
EPILOGO.
Estaba cansado, lo notaba. Mientras regresaba
a mi despacho, me aflojé el nudo de la corbata (no lo aguantaba) y desabroché
los dos primeros botones de la camisa.
Abrí la puerta y entré, encendí
la lámpara de la mesa, todo estaba bien; me quité la americana
y el sombrero, y puse todo sobre la silla de cortesía.
Encima de la mesa había un sobre, lo abrí
y leí con calma; luego dejando el documento encima de la mesa, fui hacia
el archivador y saqué un informe. Me senté en la silla y lo leí
atentamente mientras encendía un pitillo. Minutos después me levanté,
rodeé la mesa y me senté en uno de los picos de ella. Miré
al frente, lejos se oían unos pasos, seguí fumando.
16-11-1991
Reedición [19-11-1991]
Reedición [12-9-1993]
Gracias a:
Hector "Maestro, Succo, Es lo que hay" De La Fuente (por estar en el
momento justo en el lugar adecuado), LLorenç "Donde he dejado el
tensor?, Se me va la bola, Hip-Hop tope de yhea, Fogueras" Arbonés
(por ser sensible, comprensivo y despistado), Marta "Ja, esta aqui, ja
arribat Arale" Arbonés (por cortarme el pelo de gorra y escucharme),
Charles Dickens (Evidentemente), Xavi "Calma, Me sacas de pollaguera" Martinez
(por su ayuda), Jaume "Gafas enormes, Verde [ya sabe porqué]" Martinez
(por que es un tio muy majo), Marc "Com ho fas aixó?, Hola que hi
ha, Es un dia raro hoy" Calvo (por dejarme el zoom, gustarle la música,
por apesar de todo ensayar en un ático y por que es bonachón),
Joan "Aun no me creo que he aprobao, me tienes que grabar aquello, dejame
la 2ª voz baja" Calvo (porque no se mete con nadie y toca las teclas),
Sergi "Mañana a las nueve seguro, Sapastres, Poca trassa" Borràs
(por confiar en mi el dia del Vértigo), Antonio "Hoy la pillo" Gil
(porque ve y oye pero no habla), Mª del Mar "Dame un trago de eso"
Acosta (porque ahí empezó todo), Salva "Si no has probado
el pastel no sabes si te gusta, Nos vamos a la Patagónia pero tiene
que ser ya!" Aguilar (porque es buen chaval), Silvia "Tas dao cuenta..."
G.García (porque siempre me a caido bien), Jaume "Jevi, Sosis, Mito,
Wendy Jane, Disbauxa i xerinola" Esteve (por las peleas musicales), Gemma
"Preciosa" Esteve (por los inolvidables buenos ratos que pasamos juntos),
Pedro "Ahora subo" Fernandez (por ayudarme a traducir de español
a inglés un montón de cosas, echarle ilusión a la
vida y comprar zumos de naranja en la Vila), Mónica "Igual me paso
por ahí" Robledo (por atenderme las lesiones desinteresadamente,
ser cariñosa, atenta y comprensiva), Joaquín "Náufrago,
No me oigo" Calvo (por las juergas motorizadas que nos pasamos), Alfredo
"Al Caragiola, Se acabó" Vera (por prestarme su ayuda), Elisenda
"Cariño, amor, pasión de mi vida y de mi corazón [ella
sabe de que hablo]" García (por los imborrables momentos felices),
Josep "Master of all pedals, Calleu-me" Arbones García (porque nos
abríamos quedado sin ensayar mas de un dia si no hubiera intervenido
su destreza", Stephen King (por la inspiración), Aldous Huxley,
J.R.R. Tolkien, Celia Ramos (porque me dedicó un libro), Sir Arthur
Conan Doyle, Howard Philips Lovecraft, Gustavo Adolfo Bequer, James Kahn,
Michael Ende, Herman Hesse, William Hjortsberg, Dalton Trumbo, Desmon Morris,
Calderón De La Barca, Ginchin Funakoshi, Felix Rodriguez De La Fuente,
Maria "Mary, Flori" Venzalá López (porque es una amiga),
Antonio, "Toño, Yo lo tengo arreglao esto" Solanes Fernandez (porque
es un colegazo), António Jesus Solanes Venzalá (por estar
siempre allí), Francisca "Paqui" Venzalá López (por
hacer de "medico en casa" y por su ayuda), Manuela López Salinas
(por que es muy dulce), António Sabino Venzalá (por sus refranes
y cariño), y gracias a Dios.
FE DE ERRATAS:
Ojos que no ven corazón que no siente.
Gracias a ti.
Ha publicado
Underground Publishing
|
Toda similitud de los personajes o hechos aquí
descritos con la realidad puede que no sea producto de la casualidad. Incluso
puede que haya sido provocada intencionadamente.
|
| No esta prohibida la reproducción total o parcial
de esta obra, ni su tratamiento informático, ni la transmisión
de cualquier forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico,
mediante fotocopia, por registro u otros métodos, incluso si se
realiza sin previa autorización por parte del autor. |
Edición Internet: 7 de Agosto de 1996
Registro de la Propiedad Intelectual de Barcelona: 1995/08/1263