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No podia evitar mirar el papel. Aquel papel en el cual ella me habia dejado apuntado su telefono. Habia muchas cosas que no tenia claras, tantas dudas que me cegaban el horizonte. Decidi dar un paseo para refrescarme. Me recorri todas las callejuelas del casco antiguo de Girona, cansado me sente en la terracita de un bar de las ramblas. Desde alli veia pasar la vida frente a mi, veia transcurrir el tiempo sin apiadarse de mi, veia contonearse las figuras de cuerpos sensuales. No podia evitar el fijarme en todos aquellos cuerpazos que discurrian por aquella pasarela para mi como si de un desfile privado se tratara, me parecia que todas aquellas personas me miraban, me sonreian, se me insinuaban. Pronto se me olvidaron mis preocupaciones, todo en mi era deseo, pasion, hambre de carne. No se si conscientemente o no intente buscar entre todas aquellas personas a ella. Mi mirada buscaba frenetica una silueta que coincidiera con la figura con la que tanto habia soñado. Tal era mi obsesion que miraba descontroladamente sin ver nada. -
Tan guapa es la chica que buscas que no te deja ni verte la nariz? Silencio.
De repente el mundo se callo. Yo esperaba poder escuchar de nuevo aquel
canto de sirena que me envelesaba. -
Muy guapa debe ser si no eres capaz ni de articular palabra sino es
en su presencia. -
No. No buscaba a nadie. -
Dejalo. No me importa. Solo dime una cosa: dime como se llama y cuando
mehagas el amor di su nombre. O mejor no. No digas nada. Calla. Calla
y dime todo lo que quieras con tus ojos, con tus manos, con tu piel.
No me digas nada mas, silencia esos labios y que solo se separen para
abarcar mi piel, mi carne, mi deseo. La tumbe en la mesa circular del
bar y la despoje de la blusa, abriendome asi un paraiso de sensaciones.
Tenia unos pechos preciosos, morenos con pezones de azucar sin refinar,
firmes, altivos. No eran grandes pero mi palma no los abarcaba. Su tacto,
delicioso, hizo despertar mi piel y sin poder evitarlo me lance labio
sobre labio, lengua sobre lengua, cuerpo sobre cuerpo. Un manantial
de saliba ba¤aba nuestras bocas inundando las escurridizas lenguas
que luchaban por vencer en una guerra sin tregua. Nuestros pezones se
buscaban, se volteaban, se insinuaban, se oprimian, se derretian los
unos contra los otros. Sus muslos me abrazaron con tal fuerza e intencion
que me deslize hasta su interior haciendo que su cuerpo de estremeciera
y sus ojos se voltearan. Borbotones de sangre brotaban de mi espalda
como si diez afilados sables esmaltados en rojo pasion se hubieran cebado
en la desnudez de mi piel. Una gota cayo en su mejilla. Sus manos como
el reo que se sabe culpable y huye de su condena se estiraron buscando
la ansiada libertad. Su cuerpo, concorveado, parecia el talle de un
arco de precision. Las manos en el infinito, por encima de la cabeza,
dejaban sus axilas al descubierto, indefensas. Toda esa belleza me pertenecia,
yo la dominaba. Yo controlaba su placer y eso me daba placer. Ella jadeaba
al compas de mi penetracion. Sin mediar palabra sincronizamos nuestros
movimientos y ella se giro sin perder el punto de referencia que suponia
mi mastil penetrante. Su espalda se descubrio para mis ojos, las curvas
de sus caderas invadian mis retinas doloridas por el magnifico espectaculo.
El sudor me recorria la piel, una piel erizada, despierta, convulsionada
por el constante flujo de ardiente placer bajo todos mis poros. Ella
cambio sus jadeos por gemidos lascivos que bañaban mis oidos
impregnandolos de toda la lujuria posible. Mi sexo erguido y vigoroso
no cabia en si mismo y crecia progresivamente. La corriente de placer
que inundaba nuestros cuerpos dejenero en torrente y casi sin ser dueños
de nuestros movimientos la abrace apretando tan fuerte como pude su
espalda contra mi pecho. En ese instante todo el torrente que fluia
por mi cuerpo se encauzo y recoriendo todo mi sexo a camara lenta se
dirigio a la unica salida posible. Su sexo parecio adivinar el momento
anegandose tambien de placer. Una explosion de fluidos compartieron
el instante en que toda la tension se difumino y una relajante brisa
calmo nuestras asfixidas pieles. Nos mantuvimos inmoviles varios minutos
deleitandonos de la generosidad de nuestros cuerpos. Poco despues ella
se fue y jamas volvi a saber de ella. Pero nunca se me olvidara su ultima
frase: - Nunca sabras mi nombre, asi siempre sabras que el placer es anonimo.
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