El placer es anónimo

 

No podia evitar mirar el papel. Aquel papel en el cual ella me habia dejado apuntado su telefono. Habia muchas cosas que no tenia claras, tantas dudas que me cegaban el horizonte. Decidi dar un paseo para refrescarme. Me recorri todas las callejuelas del casco antiguo de Girona, cansado me sente en la terracita de un bar de las ramblas. Desde alli veia pasar la vida frente a mi, veia transcurrir el tiempo sin apiadarse de mi, veia contonearse las figuras de cuerpos sensuales. No podia evitar el fijarme en todos aquellos cuerpazos que discurrian por aquella pasarela para mi como si de un desfile privado se tratara, me parecia que todas aquellas personas me miraban, me sonreian, se me insinuaban. Pronto se me olvidaron mis preocupaciones, todo en mi era deseo, pasion, hambre de carne. No se si conscientemente o no intente buscar entre todas aquellas personas a ella. Mi mirada buscaba frenetica una silueta que coincidiera con la figura con la que tanto habia soñado. Tal era mi obsesion que miraba descontroladamente sin ver nada.


- Eooooo!!! Una dulce voz irrumpio en mi kaos particular serenandome por completo. Me volvi hacia la voz y vi una mujer de piel tostada y pelo azabache, con ojos de gato, rasgados, enigmaticos, salvajes. Tenia facciones suaves, no podia negar su condicion latina. Labios de fresa y escote de chocolate. La dulzura de su voz sintonizaba con la harmonia de sus curvas y la gracilidad de sus ademanes. Era una mujer exhuberante con piernas de vertigo y un ombligo para perderse.

- Tan guapa es la chica que buscas que no te deja ni verte la nariz? Silencio. De repente el mundo se callo. Yo esperaba poder escuchar de nuevo aquel canto de sirena que me envelesaba.

- Muy guapa debe ser si no eres capaz ni de articular palabra sino es en su presencia.

- No. No buscaba a nadie.

- Dejalo. No me importa. Solo dime una cosa: dime como se llama y cuando mehagas el amor di su nombre. O mejor no. No digas nada. Calla. Calla y dime todo lo que quieras con tus ojos, con tus manos, con tu piel. No me digas nada mas, silencia esos labios y que solo se separen para abarcar mi piel, mi carne, mi deseo. La tumbe en la mesa circular del bar y la despoje de la blusa, abriendome asi un paraiso de sensaciones. Tenia unos pechos preciosos, morenos con pezones de azucar sin refinar, firmes, altivos. No eran grandes pero mi palma no los abarcaba. Su tacto, delicioso, hizo despertar mi piel y sin poder evitarlo me lance labio sobre labio, lengua sobre lengua, cuerpo sobre cuerpo. Un manantial de saliba ba¤aba nuestras bocas inundando las escurridizas lenguas que luchaban por vencer en una guerra sin tregua. Nuestros pezones se buscaban, se volteaban, se insinuaban, se oprimian, se derretian los unos contra los otros. Sus muslos me abrazaron con tal fuerza e intencion que me deslize hasta su interior haciendo que su cuerpo de estremeciera y sus ojos se voltearan. Borbotones de sangre brotaban de mi espalda como si diez afilados sables esmaltados en rojo pasion se hubieran cebado en la desnudez de mi piel. Una gota cayo en su mejilla. Sus manos como el reo que se sabe culpable y huye de su condena se estiraron buscando la ansiada libertad. Su cuerpo, concorveado, parecia el talle de un arco de precision. Las manos en el infinito, por encima de la cabeza, dejaban sus axilas al descubierto, indefensas. Toda esa belleza me pertenecia, yo la dominaba. Yo controlaba su placer y eso me daba placer. Ella jadeaba al compas de mi penetracion. Sin mediar palabra sincronizamos nuestros movimientos y ella se giro sin perder el punto de referencia que suponia mi mastil penetrante. Su espalda se descubrio para mis ojos, las curvas de sus caderas invadian mis retinas doloridas por el magnifico espectaculo. El sudor me recorria la piel, una piel erizada, despierta, convulsionada por el constante flujo de ardiente placer bajo todos mis poros. Ella cambio sus jadeos por gemidos lascivos que bañaban mis oidos impregnandolos de toda la lujuria posible. Mi sexo erguido y vigoroso no cabia en si mismo y crecia progresivamente. La corriente de placer que inundaba nuestros cuerpos dejenero en torrente y casi sin ser dueños de nuestros movimientos la abrace apretando tan fuerte como pude su espalda contra mi pecho. En ese instante todo el torrente que fluia por mi cuerpo se encauzo y recoriendo todo mi sexo a camara lenta se dirigio a la unica salida posible. Su sexo parecio adivinar el momento anegandose tambien de placer. Una explosion de fluidos compartieron el instante en que toda la tension se difumino y una relajante brisa calmo nuestras asfixidas pieles. Nos mantuvimos inmoviles varios minutos deleitandonos de la generosidad de nuestros cuerpos. Poco despues ella se fue y jamas volvi a saber de ella. Pero nunca se me olvidara su ultima frase:

- Nunca sabras mi nombre, asi siempre sabras que el placer es anonimo.