La Pasión Del Vampiro

 

Se percibía una fragancia sensual que envolvía camaleónicamente toda la habiatacion. Algo se despertó en ella y sus enigmáticos ojos se abrieron y percibieron la luz del deseo. Algo la llamaba, le susurraba al oído melódicas notas llenas de magia insólita y vehemente. Incitada por su inusual sensación dirigió su expectante cuerpo hacia la ventana. Abrio los ventanales de par en par y acerco su rostro hacia la espesura de la noche oscura. El viento delineaba los rasgos de su rostro y este adquirió un semblante lucido. Inhalo fuertemente el oxigeno hasta que este le llenara sus pulmones y respirara ese inconfundible aroma nocturno por cada poro de su piel. Motivada por la morbosidad que le regalaba a cada instante su noche, surgieron en ella lascivos deseos de ser poseída.

Su imaginación, ya despertada anteriormente, comenzó a dispararse, y su cuerpo únicamente cubierto por la suavidad de su piel, comenzó a danzar al ritmo de las etéreas notas que le susurraban. Sus movimientos, lentos y marcados, se veían reflejados en el espejo de su comodeta, y empezó a desearse a sí misma. Sus tiernos labios besaron con cálida delicadeza y sensualidad el cristal, percibiendo el frío y exánime contacto de superficie y temperatura.

Sus ojos se clavaron en los ojos de su mimagen hasta atravesarlos y poder ver mas allá de su reflejo, ver el mundo y los seres que ella tanto anhelaba, en su relación de atracción y repulsión.

Cerro los párpados un instante y sus frías manos comenzaron a seguir y explorar los parajes de su cuerpo. Deslizo sus dedos hasta sus cerrados ojos, pasando levemente la yema de sus dedos, y recorrió todo su rostro, sus mejillas, su nariz, su boca, sus labios, la comisura de estos, hasta introducir unos de los dedos dentro, sintiendo la cálida saliva, jugueteando con la tierna lengua...

En ese momento ya no fue su reflejo lo que observo en el espejo, sino la fantasía había desbordado los limites de lo lógico y real, y ante ella estaba una sombra, un ser abominable, criminal, sanguinario, oscuro, enigmático y terriblemente irresistible, apareció ante ella un vampiro. El brillo de su mirada la condenaba a una total sublimación hacia él.

Confundieronse así sus manos con las de ella, y sus labios, que desde hacia ya tanto deseaban ser besados.

Apareció un vampiro. El brillo de su mirada la condenaba a una total sublemacion hacia el. Confundieronse así sus manos con las de ella, y sus labios, que desde hacia ya tanto deseaban ser besados.

Sintió la dulce caricia de su lengua entrelazándose con la suya, recorriendo su boca hasta provocar un deseo todavía mayor. La elevo llevándola en brazos dirigiéndose hacia la ventana, y, una vez allí, envolviéndola con su capa negra ascendió y camino entre las nubes, transportándola hacia la torre de su castillo. Allí, en la montaña más alta, en aquella torre que rozaba el cielo casi profanándolo, dirigiese hacia sus adentras a través de otra ventana sin cristal, en la cual bailaban dos telares del blanco mas fino la danza del viento. Se acerco a una majestuosa cama rodeada de telares transparentes, ya la deposito en unas pálidas sabanas. Se coloco encima de ella y sus manos se pasearon por su cuerpo, empezando por la nuca, el cuello, los hombros, acercándose a sus pechos. Los agarro con suavidad y firmeza y deslizo su boca imitando su anterior recorrido. Su lengua húmeda dejaba huella en toda su piel. Desplazose esta hacia uno de sus pechos y jugueteo con su pezón, sonrosado y goloso, lamiendo y absorbiendo, recorriendo el contorno de su pecho hasta cogerlo con la mano de nuevo y amasarlo con un rítmico movimiento, produciéndole unos suaves gemidos. Mientras estaba dispuesto a atacar de la misma forma su otro pecho, ella fue desvistiéndolo poco a poco, primero su larga capa negra, y cuando iniciaba a desabrochar cada uno de los botones de su camisa, él, instintivamente agarro las manos bruscamente, inmovilizándola, dominándola. Sus nervios se convirtieron en un deseo brusco y compulsivo, la situación era demasiado morbosa como para poder resistirlo. Apartole sus temblorosas piernas sin contemplación mientras él poseía su alma. Dirigio un dedo hacia su ombligo, siguió por la mediana espesura de su monte negro, contorneo sus muslos y se dirigió hacia su interior.

Humedeció su dedo dentro de su boca, y con estos ya mojados por su saliva rozo su tierna y rosada campanita del placer, separando sus labios. De repente ato suave pero firmemente sus muñecas a la cabecera de su cama con un pañuelo de seda negro. Bajo su cuerpo e hizo lo mismo con sus tobillos, y ascendió su cabeza por sus piernas, deslizando su lengua hasta la altura de sus rodillas. Descendió por la cara interna de sus muslos sintiendo el latir del sexo de ella, que, de pronto, aprecia que hubiera adquirido vida, su néctar empezó a hacer acto de presencia. Recorrió sus labios con suavidad y lentitud, y ascendió hasta su campanita a la cual empezó a golpearla con pequeños lametones los cuales le originaron cierta sacudida, mientras dos de sus dedos empezaron a adentrarse en su interior, siguiendo el ritmo de sus lametones, provocando en ella el deseo de que la poseyera por completo. Hundió su cabeza en la entrada prohibida por completo. Ascendio hasta su boca y la beso con pasión, con una pasión sobrehumana. La desato cuidadosamente, la levanto y la apoyo contra una fría pared de piedra. Con una mano le separo sus piernas y agarro fuertemente su trasero, separo sus palpitantes labios internos, y sin esperárselo, un firme miembro grueso y duro comenzó a rozarla hasta que su tierno y carnoso extremo empezó a frotarse enérgicamente. Ella deseaba tanto que se introdujese... y mientras la hacia sufrir manoseaba sus pechos jugando con ella. Ella se dio la vuelta y deposito uno de los dedos del vampiro en su boca. Lo lamió y recorrió su cuerpo entero, con absoluta devoción y ternura, llenándolo de besos, su rostro, su cuello, sus brazos, sus muñecas, su pecho, su cintura, sus caderas, sus piernas, sus tobillos, sus muslos... hasta acercarse a su miembro, haciéndosele sumamente apetecible, recorriéndolo hasta sus dos acompañantes, mientras su miembro estaba hinchado, duro, completamente empalmado, adentrándose sin cesar en su boca jugueteando con el extremo mas suave....Ahora era el vampiro el comenzaba a estar impaciente y deseoso. Sus miradas se cruzaron y él la atacó y estampo en sus labios toda su desesperación. Sus lenguas se agitaban y no se coordinaban. La apoyo de nuevo contra la pared, volteándola, mientras ella se agarró a su cintura abrazándolo con sus piernas y rodeando su cuello con sus brazos.

Afuera tronaba y llovía a raudales. Con ella encima la llevo afuera y, allí, sobre una losa de mármol, con la lluvia resbalando por sus sudorosos y excitados cuerpos, el vampiro la penetro con fuerza.

Comenzó a cabalgarla una y otra vez, cada vez mas rapido, cada vez mas adentro. La imagen de su miembro la excitaba todavía mas, sus jadeos eran continuos, cada vez mas altos, su respiración entrecortada. Sus bocas volvieron a unirse en él mas de los desesperado besos y sus labios se posaron sobre el palpitante cuello.

Y en el momento en que ella explotó llegando a su clímax, él depositó sus rojos labios carmesi en su suave piel, clavando sus marfiles colmillos, chupando la cálida sangre que manaba por su cuello, un hilo de sangre sobre sus labios, notando las vibraciones de cada latido de vida que transcurren por sus azoradas venas, esa vida que el le esta arrebatando, quitándole sus gotas de éxtasis alargando así de forma irracional su placer sexual.

La lluvia se tiñe de un rojo espeso, al igual que el crepúsculo, un crepúsculo que será admirado por ultima vez, la oscuridad solo se convierte en una imperecedera penumbra gracias al esplendor de la luna, la cual ha tejido esta noche con sus hilos de plata un alma inmortal más.

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Bytelchus
destierro@hotmail.com